Plantas antiinflamatorias que te ayudarán a sentirte mejor

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PLANTAS ANTIINFLAMATORIAS QUE TE AYUDARÁN A SENTIRTE MEJOR

Las plantas son auténticos laboratorios de la naturaleza que producen una infinidad de principios activos que nos ayudan a sentirnos mejor e incluso a mejorar muchas dolencias. En esta ocasión nos vamos a centrar en las plantas antiinflamatorias que puedes utilizar para aliviar molestias en las articulaciones, como lo son los reumatismos y artrosis.

¿Qué es la inflamación?

Antes de empezar a explicar cómo funcionan las plantas antiinflamatorias, deberíamos reflexionar un momento sobre lo qué es la inflamación. Y es que estamos acostumbrados a pensar en la inflamación como un proceso negativo, pero no siempre lo es.

Imagina por un momento que te haces un corte, te das un golpe o coges un resfriado. La forma que tiene tu cuerpo de iniciar el proceso de lucha contra los patógenos y recuperación de la lesión es a través de un proceso inflamatorio. Durante ese proceso, la sangre viaja en más cantidad a la zona afectada, las células defensivas se activan para ayudar a combatir agentes infecciosos, incluso se activan los sistemas de reparación molecular y celular de tus tejidos. Vamos que la inflamación es el detonante de la recuperación.

Entonces, ¿dónde está el problema con la inflamación? Pues bien, como muchos procesos en la naturaleza, para construir a veces hay que destruir. Y la inflamación tiene esa peculiaridad. De modo que los procesos inflamatorios que duran mucho e incluso que se vuelven crónicos, en lugar de ayudar perjudican. Por eso hay que estar pendientes y recurrir a una buena alimentación, tratamientos adecuados e incluso plantas antiinflamatorias para reducir e intentar frenar esa inflamación desbocada.

Los principios activos de las plantas antiinflamatorias cada vez despiertan más el interés de los investigadores, y es que en muchos casos son muy efectivos y tienen ventajas extra como es el no causar efectos secundarios.

 

Harpagofito y sus iridoides

El harpagofito, también conocido como harpago o garra del diablo (Harpagophytum procumbens) es una de las plantas antiinflamatorias más reconocida.

Para buscar al harpago debemos viajar hasta Sudáfrica, en las zonas desérticas del sur y sureste del continente (Namibia, Botswana y África del Sur). En esas regiones, el harpago, además de como planta antiinflamatoria, también se utilizaba para tratar molestias gastrointestinales, dolores y dolencias reumáticas. Y de modo externo, para tratar ulceraciones de la piel y forúnculos.

¿Y que sabemos en realidad sobre el harpago? Pues que los estudios nos enseñan que de su raíz podemos obtener principios activos con cualidades antiinflamatorias y analgésicas, es decir que nos ayudan a calmar la inflamación y el dolor. Y esas estupendas cualidades parece que se deben a sus iridoides, muy posiblemente a su harpagósido, el principal iridoide de la planta.

Pero esta planta aun nos tiene que desvelar muchos secretos, y es que los investigadores aún no han podido descubrir cómo funciona exactamente los harpagósidos. Por el momento solo hay algunas teorías, pero las tres más posibles son, que los harpagósidos pueden:

  •         Reducir la producción de leucotrienos inflamatorios.
  •         Disminuir la fabricación de TNF-alfa (factor de necrosis tumoral alfa).
  •         Influir sobre la biosíntesis de metabolitos proinflamatorios derivados del ácido araquidónico.

Y por si esto no fuese suficiente, resulta que los extractos de harpago son además antioxidantes y captadores de radicales libres. Ese es un punto muy interesante a tener en cuenta ya que cuando se produce una inflamación, esta se acompaña de un aumento de radicales libres que acentúan el dolor y pueden dañar los tejidos. Así que cuantos menos radicales libres haya, o al menos cuanto más controlados estén, mejor para nuestro organismo, nuestras articulaciones y nuestra sensación de dolor.

 

Sauce, el origen del ácido salicílico

El sauce (Salix alba) es una de las plantas antiinflamatorias más tradicionales, ya que posee principios activos que podemos acabar transformando en ácido salicílico. Seguro que esto del ácido salicílico te suena al popular ácido acetilsalicílico, uno de los analgésicos más famosos.

En realidad, el sauce puede llegar a contener entre un 1.5 y un 11 % de derivados salicílicos en su corteza. Estas sustancias forman toda una gran familia de moléculas (salicina, salicósidos, salicortina, tremulacina y salirrepósidos) que por sí solas no tienen actividad. Lo que pasa es que cuando las ingerimos, nuestras enzimas digestivas (esterasas, betaglucosidas) y el pH alcalino del intestino, las convierten en saligenina que luego en el intestino es transformada en ácido salicílico, que si que tiene actividad analgésica. Vamos, que en nuestro interior se producen toda una secuencia de pasos para convertir al sauce y sus principios activos en una de las plantas antiinflamatorias más reconocida.

Obviamente, del ácido salicílico se conoce mucho, porque es una de las sustancias con más historia a nivel de estudios científicos. En el caso de sus aplicaciones como analgésico, se sabe inhibe el NF-kappa B, una molécula intranuclear que favorece la producción de prostaglandinas inflamatorias.

Gracias a estas cualidades, la corteza de sauce se ha utilizado y se sigue utilizando para aliviar dolores reumáticos, inflamatorios y dolores de cabeza, y por supuesto para aliviar el malestar causado por estados febriles, gripes y resfriados.

Cúrcuma y su colorida curcumina

Proveniente del continente asiático contamos con la cúrcuma (Curcuma longa), que dentro del grupo de las plantas antiinflamatorias, cada vez está siendo más estudiada y reconocida. El rizoma de la cúrcuma es la parte que más nos interesa, ya que es ahí donde se encuentran los principios activos que más nos pueden ayudar, los curcuminoides, y más concretamente uno de ellos, la curcumina.

La curcumina es una sustancia con una potente capacidad antiinflamatoria que actúa a muchos niveles. Por el momento, todo apunta a que es capaz de:

  •         Aumentar nuestra propia producción de esteroides antiinflamatorios.
  •         Inhibir el NF-kappa B y por tanto la producción de sustancias inflamatorias internas, como hemos visto antes con el sauce.
  •         Reducir la producción de TNF y de interleuquinas proinflamatorias.

Estas 3 acciones convierten a la cúrcuma en una de las incorporaciones más esperanzadoras dentro de las plantas inflamatorias.

Otras plantas antiinflamatorias

Cómo puedes ver, el surtido es amplio y efectivo. Y es que estas tres plantas antiinflamatorias son estupendas elecciones si buscas una ayuda natural para calmar molestias articulares, aliviar procesos inflamatorios y calmar distintos tipos de dolores.

Pero no pienses que son las únicas. La uña de gato (Uncaria tormentosa), la ulmaria o reina de los prados (Filipendula ulmaria), la árnica (Arnica montana) o la boswelia (Boswellia serrata) son otros ejemplos de plantas antiinflamatorias que te pueden ayudar y que algunas veces se combinan entre sí para ganar mayor potencia.

 

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